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El regreso al empeño prejuiciado y militante

2020-03-20 14:28:14 Pueblo en Línea
El regreso al empeño prejuiciado y militante
El regreso al empeño prejuiciado y militante

Foto: Captura de pantalla del árticulo de Mario Vargas Llosa en El País.

Por Yasef Ananda

Beijing, 17/03/2020 (El Pueblo en Línea) - El viejo oráculo ha vuelto a hablar. Esta vez sobre la pandemia que el nuevo coronavirus ha traído al reino de este mundo. Y como casi siempre, nos llega el discurso desde su militante olimpo liberal y su extensivo repaso -enlodado en naftalina literaria y filosofía- donde verifica un inequívoco regreso al medioevo. Todo en este señor aspira a ser acertado y erudito, interconectándose de modo artificioso y larval para relucir moderno y ágil, como si de bailar salsa con un lisiado se tratara y al compás de un organillo de manivela. Desde su sillón de cuero repujado (labrado también en el medioevo, supongo) y recién esterilizado con gel de alcohol (porque aunque el coronavirus no nos matará a todos, sería un gran problema si le tocara a él), el ilustre Nobel se habilita para su ardua reflexión. Tal parece que los demás humanos andamos a tientas y preocupados, por masoquistas... porque claro está, teniendo este mundo "un ser de su clase" que traduce el pulso de la realidad desde la profundidad más preclara, el común de los mortales no tiene nada que hacer salvo aplaudirle su diamantina extracción, llamarle maestro y avergonzarse por aceptar estar en cuarentena. ¿Hablamos de Charles Chaplin? No, rebajemos el tono. Se trata del escritor peruano Mario Vargas Llosa.

En su artículo titulado "El regreso al medioevo", publicado el domingo 15 en el Diario El País, Vargas Llosa no solamente intenta minimizar las nefastas consecuencias globales que puede llegar a tener el avance del coronavirus sin las restricciones y el esfuerzo colectivo que hoy se imponen desde diversos escenarios de resistencia. Además, y como su cromosoma ordena, aprovecha para ir a la carga contra China, entendiéndolo como el ejercicio más útil de contribuir a la toma de consciencia sobre la tarea global que resulta erosionar el avance del nuevo coronavirus. Según él, la vacuna ya estará a la vuelta de la esquina y si no llega antes es porque China no se tomó en serio la amenaza y demoró en darle curso a su atención. Además, y a pesar del imperdonable "desliz chino", la incidencia del coronavirus no requiere de tanto sobresalto ni alboroto. En definitiva, todos somos seres breves, esculpidos desde la premura de la muerte. Su artículo "salsea" entre el empeño prejuiciado, el catequismo literario y el cliché nihilista. Un cóctel donde lo que menos aparece es el rigor de un análisis holístico y el apego a la evidencia científica.

Luego de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara la pandemia, su director general Tedros Adhanom Ghebreyesus, exhortó a todos los países a redoblar esfuerzos en lugar de darse por vencidos en los intentos por combatir el COVID-19. En este sentido, la OMS y muchos países ha reconocido el valor de las acciones chinas, y su cooperación.

Tampoco Vargas Llosa tiene una línea meritoria para los médicos y sanitarios que se arriesgan en la primera línea. Sólo en Madrid, la última cifra oficial elevaba a 400 el número de trabajadores aislados. Y las cifras aumentan a cada minuto. Asimismo, en China e Italia hay cientos de hombres y mujeres que han dejado la certeza de su hogar para mantenerse atendiendo y salvando vidas en los hospitales. Nada de esto le motiva a Vargas Llosa. Su encono se focaliza en el torpe proceder de los funcionarios chinos que no supieron interpretar a tiempo una alerta emitida por un médico.

En su religioso afán de legitimizar lo que suscribe, la consagrada espada del magnífico Vargas Llosa (ex candidato a la presidencia de Perú) se mella. Es la misma actitud del New York Times sobre los cierres y las cuarentenas impuestas en China e Italia, cuando este medio califica las medidas asumidas por China como una campaña que "ha sido muy costosa para los medios de vida de la población y sus libertades individuales", mientras que en Italia, el país está "arriesgando su economía en un esfuerzo por contener el peor brote de coronavirus de Europa". Sobre este proceder del New York Times... ¿podríamos suponer que el distinguido literato llegaría a expresar "trató de impedir que la noticia se difundiera, como hacen todas las dictaduras"?

Precisamente fue el New York Times quien publicó una entrevista con Bruce Aylward, jefe del equipo de la misión conjunta OMS-China para el COVID-19, donde precisa que "habló con mucha gente fuera del sistema, en hoteles, en trenes, en las calles por la noche"... y todos se veían a sí mismos como si estuvieran en la primera línea para proteger al resto de China, y al mundo".

A pesar de ser un libro "mediocre", el padre del gran Pantaleón observa que La Peste vuelve a ocupar la atención de los lectores del mundo. Culpa de ello al galopante miedo colectivo y a la falta de amor que los alertados a fallecer sienten por la estadística. Afortunadamente, el gran Vargas Llosa no es Albert Camus... por eso su dilecto artículo, que no mediocre, no volverá en futuras ediciones dominicales. Su ejercicio vernáculo de advertir sobre el regreso al medioevo "será una noticia mustia que apenas recordarán las gentes".

Desde su tribuna, Vargas Llosa nos invita a entender que el "verdadero progreso está lisiado siempre que no vaya acompañado de la libertad". Se entiende... pero ¿de qué tipo de libertad? ¿De la libertad que emana de un empeño prejuiciado y militante?

Por fortuna, en todo artículo existe el punto final y Vargas Llosa no lo olvida. De lo contrario, su texto sería como el mismo considera que sería la vida sin la muerte: "una repetición cacofónica de experiencias hasta la saciedad más truculenta y estúpida".